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Entre
viñas y acantilados
En la punta más noroeste, Monterosso al
Mare ofrece la única playa natural –con
arena propia– de la zona, rodeada, eso sí,
de rocas que parecen esculturas gigantes. Un poco
más al sur, Vernazza brinda el mejor mirador
posible sobre el mar, una plaza encantadora para
disfrutar de sus silencios y callecitas unidas
todas por empinadas escaleras.
En lo alto de rocosas terrazas se intuye siempre
Corniglia, a la que sólo es posible llegar
después de subir unos cuantos escalones.
Es como de otra época, igual que Manarola,
unida a través de la Vía de los
Amantes (via dell’Amore) con Riomaggiore.
Quince minutos bastan para alcanzar caminando
este enclave donde los pescadores, a bordo de
sus barcas, se lanzan a recorrer el Mediterráneo.
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