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Cinque Terre

Los cinco pueblos que dan nombre a Cinque Terre forman parte del paisaje montañoso que rodea la Riviera di Levante, la más ondulada y pintoresca de las dos –la otra es la de Ponente– que dibuja sobre el mar la Liguria italiana, una estrecha franja costera al noroeste del país flanqueada por pronunciados acantilados.

Serpenteando por la ladera de las montañas, el viejo sendero Azzuro sirve de enlace entre todos ellos, a través de un paisaje que deja, a un lado, olivares y, al otro, viñedos cultivados en terrazas de los que proceden los vinos blancos y secos tan característicos de la región. Hasta aquí, quizás por su difícil acceso, no ha llegado nunca el turismo de masas.

Cinque Terre

 

Entre viñas y acantilados


En la punta más noroeste, Monterosso al Mare ofrece la única playa natural –con arena propia– de la zona, rodeada, eso sí, de rocas que parecen esculturas gigantes. Un poco más al sur, Vernazza brinda el mejor mirador posible sobre el mar, una plaza encantadora para disfrutar de sus silencios y callecitas unidas todas por empinadas escaleras.

En lo alto de rocosas terrazas se intuye siempre Corniglia, a la que sólo es posible llegar después de subir unos cuantos escalones. Es como de otra época, igual que Manarola, unida a través de la Vía de los Amantes (via dell’Amore) con Riomaggiore. Quince minutos bastan para alcanzar caminando este enclave donde los pescadores, a bordo de sus barcas, se lanzan a recorrer el Mediterráneo.

 
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